Inundación de Irapuato del 18 de agosto, la tragedia que marcó a la ciudad

Inundación de Irapuato
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La inundación de Irapuato del 18 de agosto de 1973 ha sido la peor tragedia que sufrió la ciudad guanajuatense

A más de 48 años de distancia sus habitantes siguen marcados por las pérdidas humanas y económicas que dejó.

Las lluvias atípicas y abundantes provocadas por la tormenta trópical Brenda, serían el principio de la desgracia para la ciudad de las fresas.

Se reportó días previos que varias represas se desbordaron afectando ciudades vecinas y comunidades aledañas, se mantenía la esperanza de evitar una tragedia.

Pero aparentemente nunca se imaginaron la dimensión de la desgracia que venía.

Parecía un sábado de verano como cualquier otro, pero al desbordarse la presa del Conejo la población vivió terror al ver como el agua alcanzó los más de tres metros de altura y la corriente arrasaba por la avenida Guerrero, la arteria principal de Irapuato, los cadáveres de hombres y mujeres que no pudieron resguardarse; así como  vehículos y animales.

El agua entró a la ciudad por el bulevar Arandas, siguió por Guerrero y de ahí se dispersó por las calles de las colonias Rodríguez, Santa Julia y el Centro.

Pero también entró por la zona norte, por el río Silao, y afectó a Españita, Los Cobos y la zona de lo que ahora es Ciudad Deportiva.

Inundación de Irapuato, dos días bajo el agua

A la una de la tarde  parecía que el día sería largo; miles de familias con casas de dos pisos auxiliaron a sus vecinos a subir a sus azoteas; muchos se resguardaron sólo con la ropa que tenían puesta y sus pertenencias seguro a esa hora ya eran inservibles.

Con el transcurrir de las horas y ver que el nivel del agua no bajaba, las personas empezaron a sentir desesperación y tenían miedo de ser alcanzados por el agua y morir ahogados.

También se atestiguó como personas estaban en árboles, ahí alcanzaron a evitar ser llevados por la corriente, pero las fuerzas se estaban acabando y por más que se resisten a caer, el cansancio les llegó y cedieron.

El único alimento de muchas personas fue la desesperanza, seguían en la incertidumbre si serían rescatados o si habría forma de que ese día comerían sus hijos o si no morirían por el frío que con la tarde comenzó a sentirse.

Pero lo peor estaba aún por venir.

Entrada la tarde algunos de los edificios antiguos y los más humildes, construidos por tejas, no soportaron  los furiosos embates del agua, comenzaron a derrumbarse y en la noche sólo se escuchaban gritos de desesperación; parecía que las víctimas mortales serían más.

Por la mañana del domingo había una ligera esperanza, pero la ciudad seguía bajo el agua; la ayuda estaba anunciada y esperaban pronto irse a los albergues.

La tragedia con el paso de los días

A 48 horas del inicio de la tragedia, a la zona de desastre acudió el propio presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, quién instruyó a sus secretarios a poner en marcha programas sociales para reactivar la economía de los irapuatenses y darles recursos para que las familias afectadas pudieran comenzar una nueva vida.

Los soldados iniciaron a rescatar a los habitantes y los trasladaron a los albergues instalados.

Ahí muchos recibieron ropa seca, cobijas y sus primeros alimentos en más de 24 horas.

Sin embargo, así como hubo solidaridad entre vecinos, los oportunistas aparecieron y aprovecharon para rapiñar los negocios de los barrios afectados y robar las pocas pertenencias que eran todavía útiles en las casas que estaban deshabitadas.

De los muertos y desaparecidos nunca se dio una cifra oficial; algunos se aventuran a que fueron sólo unas cinco decenas, pero los más fatalistas señalan que las víctimas superaron las tres centenas e incluso quedarían cortos.

Lo que es seguro es que esta fecha será difícil de olvidar para Irapuato, el dolor de decenas de familias que perdieron a sus seres queridos es una huella que perdura; pero que también les recuerda que las desgracias suelen venir acompañada de esperanza.

 

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