Guerras religiosas | Aprende en Casa III Secundaria

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En la materia de Historia de segundo de secundaria, se tratará el tema: “Guerras religiosas”, con el que reconocerás los hechos ocurridos en Europa y América antes y durante los viajes de exploración. También estudia la relación entre la defensa de la religión cristiana y el proceso de conquista española.

Estudiarás los hechos ocurridos durante el proceso de la conquista. En esta sesión, profundizarás en sus religiones y cómo estas creencias influyeron en ambas culturas, reconociendo su papel en la guerra. 

¿Qué hacemos? 

Para iniciar, lee el siguiente fragmento del libro “Historia General de las Indias”, escrito por el cronista Francisco López de Gómara en el siglo XVI, en específico la dedicatoria que hizo el autor al rey de España, Carlos I. 

Muy soberano Señor: La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo creó, es el descubrimiento de Indias; y así las llaman Nuevo Mundo. Y no tanto te dicen nuevo por ser nuevamente hallado, cuanto por ser grandísimo y casi tan grande como el viejo, que contiene a Europa, África y Asia. 

También se puede llamar nuevo por ser todas sus cosas diferentísimas de las del nuestro. Los animales en general, aunque son pocos en especie, son de otra manera; los peces del agua, las aves del aire, los árboles, frutas, hierbas y grano de la tierra, que no es pequeña consideración del Creador, siendo los elementos una misma cosa allá y acá. 

Empero los hombres son como nosotros, fuera del color […] Mas no tienen letras, ni moneda, ni bestias de carga; cosas principalísimas para la policía y vivienda del hombre; que ir desnudos, siendo la tierra caliente y falta de lana y lino, no es novedad. Y como no conocen al verdadero Dios y Señor, están en grandísimos pecados de idolatría, sacrificios de hombres vivos, comida de carne humana, habla con el diablo, sodomía, muchedumbre de mujeres y otros así. 

Aunque todos los indios que son vuestros subjetos son ya cristianos por la misericordia y bondad de Dios, y por la vuestra merced y de vuestros padres y abuelos, que habéis procurado su conversión y cristiandad. El trabajo y peligro vuestros españoles lo toman alegremente, así en predicar y convertir como en descubrir y conquistar […] 

Comenzaron las conquistas de los indios acabadas la de moros, porque siempre guerreasen españoles contra infieles; otorgó la conquista y conversión el papa […] Justo es, pues, que vuestra majestad favorezca la conquista y los conquistadores, mirando mucho por los conquistados. Y también es razón que todos ayuden y ennoblezcan las Indias, unos con santa predicación, otros con buenos consejos, otros con provechosas granjerías, otros con loables costumbres y policía. 

Francisco López de Gómara

Historia General de las Indias 

Este texto aporta mucha información, sin embargo, te centrarás en lo que dice sobre la guerra y la religión, por ejemplo: “comenzaron las conquistas de los indios acabadas la de moros, porque siempre guerreasen españoles contra infieles”. Con esta frase se hace innegable que guerra y religión están estrechamente relacionadas para el autor. 

Ahora, reflexiona en las siguientes preguntas: 

¿Cuál era esa relación para los soldados españoles del siglo XVI?

¿Cuál para los mexicas? 

Si bien las sociedades española y mexica del siglo XVI tenían muchas diferencias, había algo en lo que se parecían mucho y es en el papel fundamental de la religión como elemento cohesionador de la sociedad y pilar central de su forma de ver el mundo, incluyendo aspectos como la guerra. 

Los españoles, como la mayoría de los habitantes del Occidente europeo de principios del siglo XVI, eran cristianos católicos. Esta religión era monoteísta, lo cual significa que creían y rendían culto a un solo dios. 

El cristianismo, como su nombre lo indica, gira en torno a las enseñanzas y mensajes de Jesucristo, quien se creía que era hijo de Dios y que había venido a la tierra a salvar a los hombres del pecado original por medio de su propia muerte. Gracias a su sacrificio los hombres habían quedado libres de pecado y en posibilidades de alcanzar el cielo, siempre y cuando mantuvieran una forma recta de vivir. 

Por mandato de Jesús, esta noticia la debían transmitir los cristianos a todo el mundo, por lo cual, desde muy temprano, miembros de esta religión comenzaron a propagar y llevar su noticia a todos los lugares del mundo, con la creencia de que sólo convirtiéndose a la religión cristiana y uniéndose a su iglesia, los humanos alcanzarían la salvación eterna. 

Por tanto, era la misión de los cristianos transmitir y convertir a la mayor cantidad de personas. Y esta misión aplicaba por igual a sacerdotes que a reyes, por lo que, con el paso de los años, figuras políticas como el emperador Carlomagno o el rey Recaredo, comenzaron a buscar la conversión de sus súbditos al cristianismo, aún por la fuerza de las armas. Quien se resistiera a ello era considerado como un infiel. 

Esta relación de las armas con la religión cristiana se vio fortalecida en el año de 1095, cuando el papa de aquel entonces, Urbano II, convocó a los soldados cristianos a una cruzada contra los musulmanes para recuperar la ciudad donde Jesús había muerto, Jerusalén, que había sido conquistada por los musulmanes años antes. 

Esta guerra fue declarada “una guerra santa”, en tanto que su objetivo era defender los sitios sagrados del cristianismo, y a la población que ahí vivía, del dominio de los musulmanes, quienes eran vistos como infieles y enemigos de la religión cristiana. El papa incluso señaló que, esta empresa era algo que Dios deseaba y, por lo tanto, quien participara en ella vería sus pecados perdonados. 

Esta idea de guerra santa y de cruzada, nombre que venía de las cruces en la ropa de los participantes, viajaría a España, donde los reyes de Castilla y Aragón la empezaron a utilizar para avanzar en el proceso de la Reconquista. 

Como se mencionó en la sesión anterior, la Reconquista fue un proceso de varios siglos durante los cuales los reinos cristianos de la península ibérica fueron conquistando poco a poco los territorios de los reinos musulmanes. 

Esta lucha inevitablemente se vio influida por el tema religioso. Los ejércitos cristianos eran acompañados por sacerdotes, quienes daban su bendición y absolvían los pecados de los soldados. En batalla, los soldados creían en tener la protección de Dios, de los santos, en especial Santiago Matamoros, y de la virgen, a quienes incluso creían llegar a ver en medio del combate apoyándolos. Y muchos creían que, al haber tomado parte en la batalla, Dios les perdonaría sus pecados. 

Pero no sólo eso, una vez que conquistaban las ciudades musulmanas, procedían a convertir las mezquitas, lugares de culto de los creyentes de Mahoma, en iglesias cristianas, como fue el caso de la mezquita de Córdoba o la de Sevilla. 

Por otro lado, a la población musulmana que era derrotada se le daba la oportunidad de convertirse al cristianismo o de ser expulsada del reino, como pasó tras la conquista del reino de Granada. Y es que, para los soldados cristianos, combatir a los musulmanes y conquistar sus territorios, era una misión que Dios les había encomendado, puesto que, sólo así se podía extender la religión cristiana y su mensaje redentor. Pelear contra los infieles significaba ser un buen cristiano. 

Esta era la idea que tenían los soldados españoles que llegaron a América. Más allá de las riquezas que podrían conseguir, los hombres creían que su misión era extender el cristianismo a estas tierras, por lo que debían convertir a los indígenas que aquí vivían, sólo así salvarían sus almas. 

Como señala el historiador Antonio Rubial García en un texto sobre la religiosidad de los conquistadores españoles: 

“Una clara muestra de la fuerte presencia entre los españoles de las creencias religiosas y de su manifestación en actos externos fue la obsesión que tenía Hernán Cortés por derribar “ídolos” en los adoratorios indígenas por considerarlos representaciones demoníacas y suplantarlos con cruces. Su firme convicción de cumplir con un mandato divino y tener un mesiánico destino lo llevaba a ver la conversión de los nativos a la fe cristiana como una justificación suficiente para pensar que el oro obtenido era un premio merecido por esta labor”. 

Para los españoles existía una relación muy fuerte entre la religión y la guerra. Sin embargo, no eran los únicos, los mexicas también las relacionaban, aunque de manera diferente. 

A continuación, observa el siguiente video sobre el mito de la creación del Quinto Sol y Xipe Totec. 

  • La creación del Quinto Sol y Xipe Totec.

 

Este mito alrededor de la creación del Sol y la Luna fue uno de los varios relatos que servían para que los mexicas dieran una explicación al mundo que les rodeaba y la forma en que éste funcionaba. 

Los mexicas, al igual que las otras culturas de Mesoamérica, eran politeístas, es decir, contaban con una gran cantidad de dioses, por ejemplo, Quetzalcóatl, Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, Mictlantecuhtli, entre otros. Cada uno de ellos representaba uno de los distintos fenómenos de la naturaleza o de la vida de los hombres. 

Para ellos, estos dioses tenían el poder de mantener o afectar las fuerzas que representaban, por lo que era el deber de los seres humanos mantenerlos contentos y vivos, a manera de pago por el hecho de mantener con vida a la humanidad. Por ejemplo, el caso del Sol, el cual se creía que si no era alimentado podía desaparecer. 

Sin embargo, a los dioses, pensaban los mexicas en aquel entonces, sólo se les podía ofrecer lo más valioso que existiera, y si bien recursos como el maíz podían ser ofrendados, en realidad sólo había una cosa que los dioses realmente valoraban, la misma vida humana; por lo tanto, era a través de los sacrificios humanos que se podía retribuir a las divinidades y así mantener el mundo funcionando. 

El pueblo mexica, que se creía como el pueblo elegido por Huitzilopochtli para cumplir el papel de los cinco mimixcoas, que en el mito fueron elegidos por el Sol para mantenerlo, debían de obtener los alimentos de los dioses, para lo cual necesitaban conseguir gente para sacrificar. 

El mito de la caza de los mimixcoas se tradujo en términos prácticos, en la obtención de víctimas para el sacrificio por medio de la guerra. Y es que era durante la guerra que los mexicas podían atrapar a presas que se convirtieran en las víctimas que serían sacrificadas durante las múltiples celebraciones y fiestas religiosas en honor a los dioses. Está relación de la guerra, y los cautivos, estaba tan desarrollada que lingüísticamente algunas de las palabras relacionadas con la caza también estaban relacionadas con aspectos de la guerra. 

De esta forma, la guerra se convirtió en un asunto sagrado que estaba sancionada por la deidad tutelar de los mexicas, Huitzilopochtli. El carácter de sacralidad que envolvía esta actividad también es evidente en la idea de que los soldados muertos en batalla o sacrificados tras ser capturados, pasarían a acompañar al dios en su marcha por el cielo. 

Conseguir cautivos para los sacrificios se volvió tan importante para los mexicas que decidieron inventar un tipo especial de combate dedicado específicamente para este fin, las conocidas como guerras floridas o xochiyaoyotl. 

Eran enfrentamientos pactados con antelación con otros pueblos, en los que la finalidad no era obtener tributo o extender el dominio político del Imperio mexica, sino simplemente conseguir cautivos que posteriormente serían sacrificados. Durante estas guerras, los mexicas podían llevar a cabo su misión de capturar a los “mimixcoas”. 

A pesar del significado claramente religioso de estas guerras, detrás también existía un objetivo político. La obtención de muchos prisioneros de guerra por parte de los mexicas para sus rituales y sacrificios servía como una forma de demostrar el poderío político y militar de Tenochtitlan sobre las otras entidades mesoamericanas, así como el poderío de Huitzilopochtli, pero sin que esto implicara eliminar o sustituir a los dioses de los otros pueblos. 

Además, la existencia de estas guerras servía para legitimar la posición de los soldados en la sociedad mexica y la participación en estas guerras era uno de los pocos espacios donde se podía obtener un ascenso social. 

Es importante señalar que, esta actitud no fue exclusiva de los mexicas, también los tlaxcaltecas, los purépechas y otros pueblos recurrían a los sacrificios humanos de los prisioneros de guerra como una forma de congraciarse con las deidades. 

Finalmente, como has visto, españoles y mexicas tenían en común la concepción de una misión en la tierra que les había sido dada por sus deidades, aunque ciertamente esa misión era muy diferente tanto para unos, como para otros. Estas dos concepciones tan distintas de ver la guerra se encontrarían en 1519.

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