Por qué El Caballito de Tolsá es extraordinario

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Después de meses de trabajo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) culminó los trabajos de restauración de conservación y restauración de la Escultura Ecuestre de Carlos IV, mejor conocida como El Caballito.

Los trabajos realizados por el INAH durante 2016 y 2017, atendieros “al monumento de forma integral, lo que implicó la restauración de la escultura metálica, el basamento y el pedestal”.

Gracias a los trabajos de los restauradores del INAH, la escultura de Carlos IV lucirá ahora el tono original. A finales del siglo XIX El Caballito fue recubierto con velos de cera que le dio el color negro con el cual la conocimos los habitantes y visitantes de la Ciudad de México.

La restauración del INAH logró revertir los daños causados por una intervención inadecuada en la escultura, la cual se realizó en 2013 y para la cual se empleó ácido nítrico, lo que ocasionó la pérdida de 45% de la capa escultórica.

En estos trabajos también colaboraron especialistas del Instituto de Química de la UNAM.

El Caballito es una obra del escultor Manuel Tolsá. La grandeza de esta obra, que durante años permaneció en la esquina de Paseo de la Reforma y Rosales, estriba en que es una de las pocas esculturas ecuestres realizadas en una sola pieza.

Es decir, tanto el caballo como el jinete fueron vaciadas en bronce en una sola pieza.

En el mundo solo se existen tres esculturas ecuestres con estas características: la estatua del emperador-filósofo Marco Aurelio, ejecutada en el año 176 d. C., y que actualmente se conserva en los Museos Capitolinos de Roma; el Gattamelata (Condotiero Erasmo de Narni), realizada por Donatello de 1447 a 1453 y expuesta en la Plaza de la Basílica de San Antonio de Padua, y El Caballito de Tolsá en la Ciudad de México.

(Con información de Revista Electrónica Imágenes del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM)

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