¿Por qué el Penacho de Moctezuma no puede ni debe regresar a México?

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El Penacho de Moctezuma es una de las pocas piezas de arte plumario que se conservan desde la época prehispánica.

Desde niños, en las aulas hemos aprendido la historia de que los españoles se llevaron esta bellísima pieza, la cual fue a parar a Austria donde aún permanece. Y más de uno de nosotros ha reclamado también que el penacho sea devuelto y regrese a México.

De hecho, el reclamo por esta pieza ha sido una de las consignas que cada tanto señala el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en sus conferencias mañaneras.

En 2020, la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de AMLO, viajó a Austria para entregarle una carta al presidente de aquel país, Alexander Van der Bellen, para solicitar en préstamo el penacho para ser expuesto en México. La solicitud fue negada.

La situación sobre el Penacho de Moctezuma la explica claramente el arqueólogo Eduardo Matos, quien ha señalado que sin duda se trata de un bien que pertenece a México, sin importar cómo y cuándo llegó a Austria. Sin embargo, el especialista y ganador del Premio Princesa de Asturias 2022 ha reconocido que la imposibilidad de traerlo, pues sufriría graves afectaciones.

La trágica historia del penacho

La historia del Penacho de Moctezuma es mucho más compleja que los dimes y diretes en torno a su regreso. Un documental producido por TV UNAM, y que se hizo ganador del Premio Nacional de Periodismo en 2012, reconstruye la fascinante  historia de esta pieza.

A partir de este documental, que recoge los resultados de una investigación realizada por expertos mexicanos y austriacos.

A la llegada de los españoles a México, el tlatoani Moctezuma le regaló a Hernán Cortés el penacho.

Erróneamente se pensó durante mucho tiempo que el penacho era la corona de Moctezuma; en realidad es un quetzalapanecáyotl o tocado de plumas de quetzal. La corona del tlatoani recibía el nombre de copilli y su estructura era básicamente de metal. Otra gran paradoja es que tampoco existe alguna evidencia que demuestre que esta pieza perteneció a Moctezuma.

No existe certeza absoluta de cómo llegó a Europa. La principal hipótesis señala que Cortés lo envió al rey Carlos I de España, quien pertenecía a la familia Habsburgo, lo que podría explicar su peregrinaje hasta Austria.

El penacho llegó a Austria en 1596 como parte de la colección del archiduque Fernando II de Tirol, y permaneció más de 200 años en el palacio de Ambras. Posteriormente fue trasladado en varias ocasiones.

En 1878 el naturalista Ferdinand von Hochstetter descubrió al penacho de Moctezuma arrumbado en una vitrina del palacio de Belvedere, y se dio a la tarea de rescatarlo.

Sin embargo, debido a que se desconocía el uso de la pieza (no se sabía qué era un penacho), se pensó que esta se trataba de una capa o un estandarte en forma de abanico, por lo que al momento de restaurarlo el penacho perdió flexibilidad y tridimensionalidad y quedó “aplastado”.

Su último viaje

El último viaje del Penacho de Moctezuma ocurrió en 1946, justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue exhibido en Zurich, Suiza, durante la exposición Obras Maestras de Austria. En marzo de 1947, el penacho regresó al Museo de Etnología (actualmente llamado Museo del Mundo), donde ha permanecido desde entonces.

⇒LEE TAMBIÉN. El misterioso Tesoro de Moctezuma. ¿Dónde está y qué pasó con el oro?

¿Por qué no puede volver?

Lamentablemente, dado el deterioro que ha sufrido, el Penacho de Moctezuma no regresará a México. En 2012 un equipo binacional de mexicanos y austriacos iniciaron una investigación profunda, con la finalidad de estudiar la pieza con nuevas tecnologías y proponer un protocolo de investigación y conservación.

Una de las principales conclusiones del estudio es que el penacho no puede ser movido sin que se corra el riesgo de que se produzcan graves daños a su estructura. Las vibraciones de un avión, barco o vehículo terrestre serían muy fuertes para el penacho y no se puede construir una estructura que elimine totalmente dichas vibraciones.

¿Por qué no puede o no debería volver a México? Porque la pieza sufriría muy graves daños. La humedad, vibraciones del movimiento, la luz, el simple hecho de tocarlo para manipularlo en un hipotético traslado podría acelerar o provocar su destrucción.

La última restauración realizada por especialistas austriacos y de la UNAM prevé darle otros 500 años de vida a esta pieza en las condiciones ideales.

Hilos de agave, pegamento de orquídeas y discos de oro

Su hechura del penacho es casi perfecta. Para montar el penacho se emplearon dos redes tejidas con hilos de fibras agave y algodón, en los que se colocaron varillas para darle forma a la estructura, la cual permitía que el penacho se pudiera doblar, mover y manipular sin que se cayera ninguna de sus piezas.

Algunas plumas fueron amarradas con los hilos de agave y otras fueron pegadas con tzauhtli, un pegamento realizado con base en una sustancia proveniente de las orquídeas.

Las plumas del penacho pertenecen a cuatro especies: el macho de cotinga amabilis o azulejo; la espátula platalea rosada; el pájaro vaquero o pájaro ardilla, y, por supuesto, el quetzal. El penacho tiene además 1,544 piezas metálicas de oro, de las cuales 1,171 son originales; el resto fueron sustituidas por piezas de latón. En su última restauración no se pudo sustituir el latón por piezas oro, debido a que esto habría causado mucho más daño a la pieza.

En el Museo Nacional de Antropología se exhibe una réplica del penacho de Moctezuma, la cual fue realizada en 1939 por el artista amanteca Francisco Moctezuma. Esta réplica conserva muchas similitudes que el original.

Te compartimos el documental sobre el penacho de Moctezuma.

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