Los exquisitos placeres de José Vasconcelos

Los exquisitos placeres de José Vasconcelos

El primer titular de Educación Pública despreciaba el whisky, tequila y café pero era un gran aficionado al vino
Antonio Miranda | 23/08/2017 07:00

Si decimos el nombre de José Vasconcelos, lo primero que se nos viene es que él fue el primer secretario de Educación Pública en México durante la presidencia de Álvaro Obregón, desde el 12 de octubre de 1921 hasta el dos de julio de 1924.

Algunos analistas señalan que Vasconcelos fue uno de los titulares de Educación que dejó un legado importante en esta dependencia. Sí sabemos que Jaime Torres Bodet fue otro legendario personaje en la educación pero él  merece tener una nota completa.

Regresemos a José Vasconcelos, el extitular de Educación Pública murió el primero de julio de 1959 a la edad de 77 años, padecía de reumatismo.

Después de su muerte, diversos datos curiosos empezaron a circular como lo platica la página de Wikimexico, quien señalan que a José Vasconcelos, la muerte lo encontró un tanto molesto, porque durante los últimos meses su médico le había prohibido uno de sus mayores placeres: el vino.

Si, el extitular de Educación era aficionado por una buena botella de oporto o jerez; además degustaba algunos trozos de queso, pan y salchicha con vinos generosos, españoles y franceses, sin embargo despreciaba algunas bebidas como el whisky,  tequila y el café.

El rechazo de José Vasconcelos no obedecía a razones tan simples como podía ser el sabor; su desagrado tenía un trasfondo cultural.

Tal como lo relata WikiMéxico haber vivido varios años dentro de un medio anglosajón –estudió en Eagle Pass durante su infancia- Vasconcelos menospreciaba a los norteamericanos porque carecían de una tradición cultural milenaria como la hispánica.

Él no concebía el progreso intelectual en un pueblo que tomaba whisky and soda. Sus reflexiones despreciando una de las bebidas norteamericanas por excelencia no respondían a un excesivo nacionalismo.

Lo mismo hacia José Vasconcelos contra el whisky, tequila, aguardiente o el pulque, a su juicio todas ellas tenían una característica que las hacía comunes: “eran violentas”, “embrutecían el alma y nublaban la razón; “…en general me repugnaba el sabor y el efecto de esa bebida violenta [whisky] que causa efectos desastrosos. El más reservado caballero se torna de pronto indiscreto; las frases de cortesía se truecan en claridades ofensivas”.

Además indicó que para evitar el alcoholismo y sus estragos, México no necesitaba crear leyes de prohibición, cerrar cantinas y pulquerías. La solución estaba en una fórmula sencilla: “sembrar vides… para beber vino de uva a la española”.

Si del whisky y el tequila su opinión era devastadora, había otro “brebaje” que Vasconcelos siempre repudió: el café. “Bebida negruzca y perversa, peor que todas las drogas de la farmacia, porque quita el sueño en vez de darlo. El que no duerme bien es un enfermo y candidato al manicomio”, pensaba.

Pero el vino era la bebida perfecta, el antídoto ideal, un deleite para el espíritu y el alma, evitaba el insomnio y relajaba el cuerpo.

Hacia el final de su vida José Vasconcelos sólo ratificó un juicio que se fue gestando a lo largo de sus 77 años: “el vino es sagrado”.

VER: Minerva, la escultura maldita de la SEP

Con información de WikiMéxico